La importancia de la salud pública en la carrera de Eloísa Díaz, la primera mujer médica de Chile y Latinoamérica

En Tantaku, la plataforma de recursos culturales de la Universidad de Chile, celebramos el natalicio de una de las seis mujeres que se titularon como médicas-cirujanas durante el siglo XIX en nuestro país. Académicas y académicos de nuestro plantel reflexionan además sobre la relevancia de la salud pública y su fortalecimiento: uno de los aprendizajes que nos deja esta pandemia.

“Vedado estaba a la mujer chilena franquear el umbral sagrado del augusto templo de las ciencias. (…) Pero los tiempos cambian. Se declaró que la mujer chilena podía ser admitida a la prueba de opción de grados (…)”. Estas palabras, escritas por Eloísa Díaz, son parte de la introducción de su memoria de título “Breves observaciones sobre la aparición de la pubertad en la mujer chilena y de las predisposiciones patolójicas propias del sexo”, con la que obtuvo el grado de Licenciada en la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de Chile.

Este 25 de junio de 2021 se cumplen 155 años del natalicio de Eloísa Díaz, una de las seis mujeres que se titularon como médicas-cirujanas durante el siglo XIX en nuestro país.

“Es, sin duda, una figura simbólica, al ser la primera mujer que estudió medicina en la Universidad de Chile. Antes de ella si bien, existían algunas mujeres estudiando, ella es la primera que va al bachillerato para obtener un título profesional”, relata Ariadna Biotti Díaz, historiadora y parte del equipo del Archivo Central Andrés Bello.

El rol de Eloísa Díaz en la salud pública escolar
Respecto a su rol en la medicina y su trayectoria, Eloísa Díaz es reconocida como una profesional preocupada de la salud infantil, pues ejerció en lo que ahora conocemos como “salud pública”. Cabe destacar que en el contexto de su carrera impulsó la existencia de jardines infantiles, la creación de consultorios para personas de menos recursos, las colonias escolares y servicios médico dentales, entre otros.

“Desde que ingresa a la Universidad, Eloísa demuestra un espíritu público muy profundo. Su memoria para optar al grado de médico la hace sobre la salud de la mujer, específicamente sobre la menstruación. Es muy interesante porque ocupa un criterio social de análisis e investiga las condiciones en que aparece la pubertad chilena en el contexto socioeconómico de ese minuto”, explica Biotti.

En la misma línea, Marcelo Sánchez, académico del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Chile, explica el momento histórico y contexto social en que Eloísa Díaz ejerció su profesión: “Ella dedicó gran parte de su labor a la medicina escolar, en un momento en que el Estado chileno estaba ampliando sus responsabilidades en educación, a través de la Ley de Educación Obligatoria, y también embarcado en una tarea de regeneración nacional que implicaba especialmente el cuidado, higiene y salud escolar y de la población escolar femenina”.

Este último -indica Sánchez- se consideraba el capital biológico de la población, pues esas jóvenes serían las madres de los futuros trabajadores, intelectuales, obreros, profesionales. “Eloísa Díaz se inserta en esta corriente principal que une a la medicina y al Estado, que es mejorar la condición higiénica de la población”, afirma Sánchez

En 1911, en medio de la llamada Cuestión Social, se creó el Servicio Médico Escolar de Chile, del cual Eloísa Díaz fue su primera directora. Desde este organismo, la doctora promovió la obligatoriedad del desayuno escolar, propició la vacunación masiva de los niños y luchó contra el raquitismo y la tuberculosis. Dedicada a diversos ámbitos de la medicina social, durante toda su trayectoria, Díaz participó en otras instituciones como la Asociación de señoras contra la tuberculosis, la Liga Chilena de Higiene Social, la Liga contra el Alcoholismo, el Consejo de Instrucción Primaria, la Sociedad Científica de Chile y el Consejo Nacional de Mujeres.

“La trayectoria profesional en la medicina escolar nos habla también de cierta resistencia de la población médica a insertar a Eloísa Díaz en una práctica clínica, de cátedra, o de responsabilidad de altos cargos. En su caso, se insertó en un área profesional coherente con la ideología de aquella época, donde la mujer tendría ciertas condiciones favorables a las tareas de cuidado y protección. Todavía faltaba para que las mujeres se convirtieran en cirujanas, directoras de hospital, jefaturas de clínica”, indica Sánchez.

A pesar de la resistencia masculina que se desarrollará profesionalmente en otras áreas, Eloísa sí destacó internacionalmente por sus aportes a la medicina social, trayectoria que la hizo merecedora, durante el Congreso Científico Internacional de Medicina e Higiene, realizado en 1910 en la ciudad de Buenos Aires, del título de Mujer Ilustre de América.

Consultada por los valores de la médica y salubrista, Ariadna Biotti responde sin dudar: “La tenacidad, el compromiso con lo público, la pasión por el conocimiento, la dedicación. Todos estos valores son muy profundos en la vida de Eloísa Díaz. Ella tuvo una conciencia histórica sobre los muchos desafíos que todavía tenemos en los campos universitarios pues todavía existen muchas brechas de género”.

Escrito y publicado para www.uchile.cl

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