Los amigos que perdí

Extracto de la novela de Jaime Bayly

(…)
«Lo que pasa, Iñigo, es que simplemente uno se enamora de sus amigos», me dijo el bueno de Jano con la voz traposa de tanto ron y esos cigarros rojos tan fuertes que le gusta fumar. «Uno se enamora de sus amigos como se enamora de su mujer. Uno los busca, y los escoge por que te seducen, porque te complementan, por que te hacen sentir bien. Y por que te sirven, claro.«
(…)
A los amigos que perdí, que han sido muchos, fue porque ya no tuve nada más que hablar con ellos. De pronto se perdió esa perfecta complicidad de amigos que hacia entendernos a señas y quedo sepultada para siempre esa admiración mutua de saber en qué andaban nuestras vidas. Tal vez, fui yo el que me puse aburrido o simplemente cambie de canal, no sé, pero dimos por terminado el compromiso.

A los amigos que perdí, que ya no los extraño, fue porque de pronto ya no entendieron lo que para mi era importante y muchas veces no supieron interpretar mis silencios . Tal vez nunca entendieron mi idioma, pero basto que me diera cuenta para borrarlo de mi lista de teléfonos. Número equivocado simplemente.
(…)

Felizmente, a los amigos que perdí los fui reemplazando por otros. Por buenos conversadores y fieles cuando la ocasión lo amerita. Por tipos con problemas y preocupaciones de verdad a los que nunca les falta tema para poner en común. Para sentarnos en la mesa, como lo hago cada vez que me junto mi amigo del alma, Jano, a teorizar sobre estas tonterías que, la verdad no le importan un carajo a nadie. Sólo a los amigos.

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